Archive for septiembre, 2007

Crawford, Tejas – 22 de Febrero del 2003

El País ha publicado el Acta de la Conversación entre George Bush y Aznar en Febrero del 2003.
Me sorprenden varias cosas, pero sobre todo hay un párrafo de Bush:
 “Estoy optimista porque creo que estoy en lo cierto. Estoy en paz conmigo mismo. Nos ha correspondido hacer frente a una seria amenaza contra la paz. Me irrita muchísimo contemplar la insensibilidad de los europeos sobre los sufrimientos que Sadam Hussein inflige a los iraquíes. Quizá porque es moreno, lejano y musulmán, muchos europeos piensan que todo está bien con él. No olvidaré lo que me dijo una vez Solana: que por qué los americanos pensamos que los europeos son antisemitas e incapaces de hacer frente a sus responsabilidades. Esa actitud defensiva es terrible. Tengo que reconocer que con Kofi Annan tengo unas magníficas relaciones.”
Sí, debe ser precisamente la insensibilidad de los europeos, y solo de los europeos; estoy segura de que los estadounidenses y demás se preocupaban mucho del tema.
Es cierto que no mucha gente europea estaba muy al día con la situación de los iraquíes con Sadam; pero tampoco fue la de Bush una solución mucho mejor cuando muchos murieron y otros tantos se quedaron sin casa; cuando dejó un país hecho una m*****. (Lo normal en una guerra, pero ahora me refiero solo a esas palabras suyas).
Me hace gracia que hable de “los europeos” separándolos del resto de la sociedad occidental, dejando fuera su maravilloso país, en el que, por supuesto, eran conscientes de la situación de los pobrecitos iraquíes…

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La nek0cina

He añadido un nuevo enlace en mis favoritos, la nek0cina, un blog que habla de todo lo relacionado con la cocina, que me encanta, sobre todo, por sus recetas.
De hecho, dentro de poco empieza el curso y vuelvo a ser “independiente”, viviendo sola, lavándome la ropa, cocinando, y todas esas cosas. Así que habrá que probar algunas recetillas.
De momento probé la de la Salsa Jack Daniel’s y no ha estado nada mal 😉 Tenía ganas de saber la receta (había probado la salsa en el TGI Friday’s), y por fin encontré algo que se parecía (tras algún invento en casa, que aunque no sabía mal, o sí, no era lo que buscaba).
El blog no solo es interesante por sus recetas, pero os animo a intentar alguna, porque tienen todas muy buena pinta 🙂

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Super, super, super…

Fernando Lázaro Carreter en 1999.
Supertriste.
Leído en la carta de una lectora a su revista: “Hoy hace un año que murió mi Candy y estoy supertriste”. Candy era una graciosa iguana, y eso podría haberlo escrito también un lector, porque super- es unisex; y ambos, idénticamente, podrían haber dicho que estaban superafligidos/as o superacongojados/ as o superfastidiados/as, si hablaban en versión de cámara y si transcribimos tales sentimientos con repugnante estilo de circular ortosexual. Esa tumescencia verbal ataca a millares de ciudadanos veinteañeros, y a una multitud talluda contagiada de su inmunodeficiencia idiomática. Estalla con vigor en los viernes de litro y jarana, pero no sólo: también brota en muy amplios sectores del “qualunquismo” hispano, desde el mercadillo a la boutique, y hermana a los famosos de tele y magacín con sus glosadores simbióticos.
Entre ellos, super- puede crecerle a cualquier adjetivo (o sustantivo) y hay miles de hablantes que se sentirían desvalidos si no ornaran sus calificaciones con ese bubón: su ligue les parece superguay, gozan de una pareja muy supercálida, y aquella lectora halló a Candy en el terrario donde dormía supermuerta. Si el ánimo de tales dilatadores se acoge al adverbio, dirán que se sienten superbien o supermal, tal vez superregular. Es el último estadio a que ha llegado por ahora la preposición super, que había sido fecunda en latín, ayudando a nacer palabras con el significado de ‘encima de’ o ‘por encima de’. Muchas de ellas perecieron en su viaje a los romances, pero las sobrevivientes fueron tratadas con confianza, y supercilium, por ejemplo, se hizo sobrecejo en castellano, o surcil en francés antiguo.
Inquietantes sabios medievales volvieron a tirar de tal formante para señalar ‘superioridad no espacial’, en docenas de voces como superabnegativus de Boccio, superflexus de Sidonio, o, gala de aquel apogeo, supereminentissimus de San Fulgencio; pero eran indigestibles para el vulgo rudo que, por entonces, ya andaba haciendo picadillo la lengua de Horacio.
Hasta el siglo XVIII, el español sólo había acogido unas pocas voces de ese legado sabio, traídas del latín por los doctos: superabundante, superbísimo, superficial, superfluo, superior… En 1803, el Diccionario académico había incorporado otra como ellas, supereminente. Y hasta 1884 no abre un artículo para la “preposición inseparable” super, a la que, entre otras aptitudes, le reconoce la de significar “grado sumo”; lo ejemplifica con el ya dicho superabundante y una palabra moderna: superfino. Era, sin duda, un galicismo de moda, que, por ejemplo, aparecía aquel año en La Regenta, y que se estaba empleando para calificar a las gentes de sangre delicada y a sus cosas, por ejemplo, a los lenguados pequeños -no mayores de diez centímetros- que el cocinero Muro exaltaba en 1894 como superfinos.
Cuando esperaríamos una creciente presencia lexicográfica de estas formaciones romances paralela al uso, sólo hallamos, en 1970, la inclusión de super- como formante castellano (y ya no como “preposición impropia”), indicio claro de que su presencia iba haciéndose activa y no podía dejar de reconocerse. Pero en el infolio no aparece ninguna voz de las que, con parsimonia, se usaban ya, dado el criterio de que, una vez consignados un constituyente léxico y su significación, no se reseñen, por economía de espacio, las voces a las que sólo aporta aquel significado: una vez definidos super- y fino, huelga superfino. Sin embargo, aún sigue residual en su columna académica, y continuó ejemplificando, él solo, el uso superlativo del formante super-, hasta 1992 en que se le junta otra formación moderna: superelegante. Era la consagración oficial de su pujanza.
Y es que, si no Malherbe, tío Sam había venido, con su afición y falta de respeto al latín, y super-, pegado con el mayor desparpajo a nombres y adjetivos, le llovía a Europa desde los alrededores de 1940. Servía de arranque a una enorme cantidad de vocablos, a los que aportaba la idea de que la sustancia o cualidad con que aparecía desposado excedían mucho de lo normal (el superhombre nietzscheano había sido muy jaleado), de que eran ‘muy grandes’, o de que poseían magnitudes no comunes (superpetrolero, superpotencia, supercombustible, superbombardero, supersónico, superconductor, supersíntesis…).
Y así, super- se convirtió en arma imprescindible de la publicidad oral y escrita, que hacía de una película una superproducción, de un gran mercado un supermercado (luego, un súper), de un equipo un supercampeón, de un espía de celuloide un superagente, de una gasolina con más octanos un supercarburante (más tarde, la súper); y proponía a la avidez general estufas supercatalíticas, cremas superhidratantes, compresas superabsorbentes, desodorantes superleales y gomas supersensitivas, mientras surgían abruptamente superpolicías, superjueces, superministros y superministras, superlíderes: pocos adminículos enfatizadores han mostrado mayor potencia genésica. Con más renuencia, el prolífico constituyente va apareciendo en textos de intención sustancial: superintelectual (Pemán, 1970), superlleno (Sábato, 1974), superadulto (Onetti, 1979), superedípico (García Hortelano, 1984), y ya con vigor, mil más.
Pero a lo que estamos, y que es la apropiación insaciable de super- por los hispanos, como por los franceses o italianos, a remolque del inglés, y que permite eludir otras maneras más refinadas de expresar la elación. El analfabetismo más fanático se ha adueñado entre nosotros de este truco exagerador para calificar y para liberar buena parte de la sobreexcitación nerviosa que, en esta época, aqueja a toda la zoología bípeda, necesitada de expresarlo todo en su ápice vibrante. Quizá, algún chavalillo/a, en la actual nueva edad oscura, esté diciendo ya, a lo San Fulgencio, que su pareja (¿y parejo?) es supercalidísima/o.
Pero, al lado de super, acechan hiper- y mega-. Pregunto a mi nieta Ana -ocho años- qué prefiere, si decir que la película Pocahontas es superbonita o que es hiperbonita. Resuelve sin dudarlo: hiperbonita; y da el porqué: “Es más chulo”. Su hermano -seis años- asiente: “Chola más”. “Querrás decir que mola”: “No: digo que chola”. Otro nieto, su primo, ocho años, ratifica: “Sí, chola”. He ahí el porvenir.
He de reconocer que soy una de esas personas que en el hablar diario (evidentemente no cuando escribo o hablo con un profesor o algo así), abusa del “super”, y aunque me dé cuenta y vea lo mal que queda decir ciertas petardeces, lo sigo haciendo sin darme cuenta (o si me doy, porque también lo sé evitar cuando no debo decirlo).

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Gone baby gone.

Si los padres no ven mal montar un circo y un espectáculo como el que han montado, no creo que sea necesario cancelar el estreno de esta película… Tampoco hubiera sido normal si los padres hubieran sido más discretitos, pero es que teniendo en cuenta el peliculón que ellos han montado de aquí para allá con peluches y papas…
Aquí otro resumen más de toda la historia. El problema, el que tiene siempre la prensa, nos entrecomillan cosas que tendemos a creer, aunque puede que nunca las haya dicho nadie, o incluso simplemente las completan con “según dice una fuente policial”, y ¿quién es realmente esa fuente? ¿Qué fiabilidad merece?, y aún más ¿El periodista lo ha contrastado, lo ha oído?, así que hay que creerse la mitad; yo al menos tiendo a no creerme muchas declaraciones, hasta que no las veo en la tele dichas por el personaje, y sin fiarme nunca de los cortes, que no son listos ni nada…

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Otra vez Maddie

Casi desde el principio parecía todo muy raro.

Dejar a dos niños de 2 años y una de 3 (no de 4, que los hubiera/ha cumplido después) solos para irse de cena, que nadie vea como se llevan a la niña, y el único que dice haber visto algo es un amigo, toda la campaña de los padres con esas ruedas de prensa al estilo de las estrellas (recaudación de dinero incluida con su fundación que les servirá para enriquecerse, además las fundaciones te libran de los impuestos), y algunas otras cosas en la desaparición de esta niña eran de coña.

Tal vez luego resulte que no se acusa de nada a la madre, pero yo esperaba algo así, porque todo era demasiado extraño, muy sospechoso.

¿Es posible que se hayan montado un peliculón?

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España va bien (o eso dice Carmencita Chacón)

Lo guapas que están algunas calladas, pero no.
Esta mujer, o vive en los mundos de Yupi, o se cree que su sueldo es el de un español medio; o peor, se piensa que todos somos totalmente gilipollas.
Así que según ella la mayoría de los españoles vive de madre con sueldos que apenas suben y precios que suben continuamente (desde la leche y el pan hasta la gasolina, o incluso la ropa, libros y demás).
Pues nada, a fomentar el alquiler, es muy buena solución, vives desahogado, y cuando tengas 65 años y empieces a cobrar una pensión de mierda, ya no podrás pagar el alquiler, ni de esa, ni de otra casa más pequeña; y así vives una vejez de mierda, como esa que vemos en los reportajes de Callejeros.
¿Cómo se puede fomentar el alquiler en un país como España? Sí, claro, es porque lo hacen en Europa; pero, ¿la Chacón sabe los sueldos y pensiones de esos países? Vale, alquilamos de jóvenes, y luego nos compramos una casa, ¿y quién nos va a dar la hipoteca?
Es que se puede ver cada tontería… Yo creo que simplemente es gilipollas o se cree que lo somos los demás.

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